miércoles, febrero 16

Las Tentaciones y los Problemas - Predica / Reflexión B

PRIMERA PREDICACIÓN: LAS TENTACIONES Y LOS PROBLEMAS

Las Tentaciones y Los Problemas


Todos tenemos problemas en nuestras vidas, pueden ser problemas de pareja, problemas económicos, malas notas, insatisfacción con uno mismo, baja autoestima, melancolía, problemas físicos, dolencias graves, familiares enfermos, malas relaciones, en fin, pueden ser muchos. Y de alguna manera todos nos tratan de influir para que perdamos el gozo que nos da Cristo, para dejar de poner los ojos en Dios y ponerlos fijos en nuestros problemas, para hacer que el problema se nos meta en la cabeza y pensemos que no tiene una solución posible.


En 2 Reyes 19:19 sale “Sálvame, te ruego, de su mano, para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, Señor, eres Dios”.


Siempre tendremos pruebas, tendremos problemas, tendremos dificultades, a veces saldrán desde los flancos que menos pensamos y nos tocarán en un punto que asumíamos como fuerte pero que, en realidad, era débil. Nos intentarán arrebatar la calma, hacer que florezcan en nosotros sentimientos de rabia e impotencia, de pena y tribulación, de angustia y amargura, pero tranquilos, que para Dios todo es posible y todo tiene su tiempo.


Pero, aparte de problemas, tendremos tentaciones, porque hay alguien que desea vernos caer y aquel es Satanás. No desconoceremos que es astuto y sabe cómo lidiar con nosotros, pero también sabemos que no tenemos que temer porque estamos con Dios y Él nos da la victoria. La propia Palabra de Dios nos enseña las tentaciones que Satanás nos puede poner, y es Jesús quien nos enseña cómo podemos doblarle la mano al diablo y hacer que huya de nosotros.


Para eso, leeremos Lucas 4:1-13


Primera Tentación: El Hambre

Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra de Dios.

El desierto es un lugar asolado, solitario, y Jesús no había comido desde ya hace 40 días, por lo que naturalmente sentía hambre. Jesús pudo convertir esa piedra en pan, pero no quiso darle en el gusto a Satanás, porque tenía algo que decirnos.


El hambre representa a aquellas necesidades que tenemos los seres humanos, llámese el alimento, las vestimentas, un trabajo, una casa, y nos quiere decir que debemos vivir para Dios y preocuparnos más de Él que de estas cosas, porque nosotros viviremos de la Palabra de Dios. Naturalmente nos preocuparemos por estas cosas, pero no dejaremos que la importancia que le demos opaque nuestro amor por Dios, a fin de cuentas, Él nos proveerá.


De hecho, en Mateo 6,25-34, Jesús nos habla sobre este tema en “El afán y la ansiedad”

Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan; pero os digo, que ni aún Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa al horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

No os afanéis, pues, diciendo: ¿qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.


Todas las cosas de este mundo, cuando sentimos que nos alejan de Dios ya sea porque nos absorben demasiado tiempo o están en contra de los propósitos de Dios, nos pueden hacer caer en esta tentación, pues no sólo se refiere a las necesidades básicas sino también a cosas que hacemos y que, por alguna razón mencionada, nos hacen alejarnos de Dios.


Segunda Tentación: Hambre de Poder

Le llevó el diablo a un monte alto, le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.


Una vez que vemos satisfechas nuestras necesidades básicas, Satanás nos puede probar metiendo en nosotros deseos de ambiciones que van contra los propósitos de Dios, estos deseos pueden ser de poder, de reconocimiento por parte de los demás, y no es que el poder sea malo, sino que el poder es malo cuando no lo usas de forma correcta y cuando lo quieres para beneficio tuyo y de nadie más.


Este mundo, como bien dice el pasaje, pertenece a Satanás. Él le mostró todos los reinos de la tierra, pero como sabemos que es mentiroso y astuto, asumiremos que solamente le mostró las cosas relativamente buenas de estos reinos, es decir, el poder que estos tenían y las grandes obras que habían dejado a la Humanidad. Y le dice, a ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos… es decir, le estaba ofreciendo la autoridad del mundo completo, pero para conseguirlo, Jesús debía postrarse ante Satanás y reconocer su poder.


En Mateo 6:24 Jesús nos habla de “Dios y las riquezas”

Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Cuando hablamos de riquezas, nos referimos a riquezas materiales y humanas, estas pueden ser mucho dinero, mucho poder, fama, entre otras cosas. Y Jesús nos enseña que solamente debemos servir a Dios y no podemos caer en la contradicción de servir al mundo (a la gloria de éste) y a nuestro Señor.


Tercera Tentación: Orgullo

Y le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden, y, en las manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se apartó de él por un tiempo.


Satanás tuvo la soberbia de tentar a Jesús, de partida, y más encima ahora utiliza la propia Palabra de Dios para tentarlo. Muchas veces el ser humano es orgulloso, el ego le hace tomar malas decisiones y hasta se pone rebelde con Dios, no le hace caso, ignora de su existencia, cuestiona su autoridad y su propia existencia (esto lo vemos más en incrédulos).


No debemos tentar a Dios, ni desobedecerle, porque Él es nuestro padre, nos creó, nos amó, nos eligió y debemos agradecerle por todo lo que nos ha dado, no pagarle de mala forma tentándolo y cuestionándolo, ¿no les parece?


¿Cómo venció Jesús estas tentaciones?

Jesús las venció con dos virtudes, nombraré sólo dos porque son las que debemos tener para poder vencer –Jesús tenía más. La primera es la humildad, y ésta significa no sobrevalorarse, es decir, conocer nuestras propias limitaciones y debilidades, y obrar en base a estos conocimientos (eso según la RAE); pero la verdad es que aquella definición queda corta, porque podemos decir que también implica un amor propio a la medida justa, mansedumbre de acción y de corazón, paciente, con respeto por los demás y obediencia. Con la humildad somos capaces de vencer los deseos materialistas y el hambre de poder que, por lo general, domina al ser humano.


Y más importante aún, con esta virtud podemos vencer el orgullo, porque justamente la persona humilde no se enorgullece de sí misma ni de lo que ha hecho, tampoco se eleva a un estado o puesto superior que el resto de las personas, sino que se mantiene en el nivel que le corresponde y obra para beneficio de los demás. Y la segunda, que es una implicancia de la humildad, es el temor de Dios. Esta virtud, más que una virtud, es un don del Espíritu Santo y consiste en temor de ofender a Dios, implica una reverencia y un reconocimiento de su poder, por ende, nos mueve a la obediencia y a obrar de manera justa.


Con el temor de Dios, somos capaces de percibir cuando estamos haciendo algo mal, y también somos capaces de discernir entre el bien y el mal al momento de tomar una decisión, en un pequeño resumen, es quien nos dice que debemos ir por el camino de Dios y no debemos darle el gusto a Satanás diciendo que sí a sus tentaciones ni cayendo en desesperación por los problemas, porque el temor de Dios no es miedo, es amor por Él y saber que Él obra en nuestras vidas y nos tiene presentes siempre, es decir, nos mira y sabe por donde andamos.


Por eso, y volviendo al primer texto bíblico, cuando tengas angustia y sientas que no tienes una salida, o te sientes atribulado, lleno de problemas y tristezas, ora a Dios y créele a Él, porque Él te librará de eso. Si eres tentado por Satanás, mantente firme en tu fe, confía en Dios y recuerda el ejemplo que Jesús te dio, porque Él es nuestro ejemplo y debemos seguir al Cordero de Dios.

1 comentario:

Joku~ dijo...

Gracias Ariel. Me has dado fuerzas nuevas para poder combatir contra aquello que me hace perder la razón :)

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