martes, noviembre 12

Un poquito de comprensión: Estudiar y trabajar a la vez

El otro día conversaba con alguien que estudia la misma carrera que yo, y que a la vez trabaja atendiendo público. Me decía que se encontraba desmotivada a veces, que se sentía cansada, que aunque le gustara la carrera y la universidad, sentía que sus fuerzas caían y el cansancio se apoderaba de ella. Y yo le dije que también me pasaba lo mismo, pero que me sentía con ánimos y que era cosa de acostumbrarse. Mirando hacia atrás, ciertamente ya no se me hace tan pesado estar estudiando y trabajando, como me decía un compañero que lleva más tiempo, es cosa de organizarse y estudiar desde antes, aunque hay días en que sinceramente mi cuerpo parece más un trapo.


Debo decir que soy una persona con ciertos privilegios, trabajo en algo que me gusta, tengo una relación estable y una compañera que se ha aguantado mi desgano, mal humor y gruñidos varios (lo que aunque no se lo diga, es algo que agradezco), una mamá que me va a buscar a las 11 de la noche a una estación de metro, y quizás lo más importante: trabajo porque quiero, no por necesidad. No tengo hijos, no tengo deudas, no tengo ambiciosos planes (bueno, quizá sí). Por ende, cada vez que me siento cansado, que me flaquean las fuerzas, pienso en todas esas personas que son padres, que tienen deudas, que tienen una familia y pienso que en realidad lo mío no es tan cansador, aunque mi cuerpo me pida a gritos una siesta de 40 horas.

Mi historia es simple. Quería buscar un trabajo de fines de semana, porque nunca había trabajado formalmente con contrato (a mis 21 años), sentía que durante toda mi vida había tenido mucho tiempo libre, lo que me había servido para cultivarme personalmente pero que no se reflejaba en un curriculum, solamente había hechos trabajos a honorarios y eran de carácter temporal, además de desarrollar iniciativas de carácter social o sin ánimos de lucro. Quería también un ingreso fijo, me gusta tener el poder de querer algo y comprarlo, de no tener que pedirle a mi mamá o mi papá que me den dinero y pensar que estoy mermando la economía familiar. Veía como las personas que habían trabajado, al momento de querer trabajar, tenían un lugar adonde llegar y generar sus ingresos. Yo no tenía ningún lugar adónde llegar, siempre me había movido solo, vendiendo confites, alfajores, realizando clases particulares, estudios para la PSU, como si a alguna empresa le fuera a importar que uno fuese vendedor y profesor informal durante 5 o 6 años.

Mi trabajo aunque aparentemente es liviano, de todas formas conlleva la atención directa de público. Mi misión es tratar de que todos los pasajeros lleguen a sus destinos, desde el adolescente que pregunta en qué andén está Las Mercedes, hasta decirle la ruta más rápida al usuario que quiere llegar desde Quilín hasta Ciudad Satélite. Tengo que tratar con gente ebria, pasajeros maleducados, gente que se burla de ti por tener un uniforme o cumplir una labor, gente que se quiere suicidar, gente que no sabe leer, gente que viene estresada del trabajo, con problemas familiares, por el calor, porque los trenes son cortos, porque la frecuencia no es tan buena, porque esto y lo otro. Es cierto que hay gente que atiende público y lo pasa peor, pensemos en los cajeros, gente de call center, y otros. Yo creo que lo hago bien, me gusta mi trabajo, pero atender público pasa la cuenta, y a la hora de dormir... me da más sueño que de costumbre.

Es un círculo vicioso el tema del descanso. Terminar mi jornada laboral tan tarde durante los fines de semana y empezar tan temprano la jornada de estudios en la semana. No tengo un día para distraerme, para hacer lo que yo quiera, para recrearme, para dormir raja. Agradezco tanto los feriados, agradezco tanto esos días en que no voy a la universidad y me quedo en la casa solamente a descansar. Mi pareja y mi familia me reclama que soy flojo, que debería ir más a clases (y realmente encuentro que estoy cumpliendo más que el mes pasado, no es una asistencia impecable, pero es una buena asistencia), me reclaman por mi cansancio, me ven cansado y me piden que haga esto, y que haga lo otro, que cumpla por aquí, que cumpla por acá, y yo por más que trato de sonreír, no puedo evitar ser un gruñón de mierda, meterlos en un saco y a veces mandarlos de una sola patada a una isla desierta, no es su culpa, sé que se preocupan por mí, pero esos sermones fastidian, no me quiero poner como el adolescente que dice que no lo entienden, pero traten de entender un poquito, si me pongo de mal humor no es porque me caigan mal, es porque me siento cansado, si no voy a clases no es porque no quiera ir, es porque ando fatigado y siento que ir en esas condiciones no tiene ningún sentido. Me encantaría que la semana tuviera 8 días; para estudiar los primeros 5, trabajar los otros 2 y descansar 1 día completo. 

Cuando trabajas y te dedicas a conocer a tus compañeros de trabajo, especialmente los mayores, uno se enriquece tanto. A pesar de que no descanse mucho, me gusta mantenerme en el trabajo porque siento que crezco tanto profesionalmente como también de manera personal. Conocer realidades, aprender a ser parte de un grupo de trabajo, aprender a coordinarse y ser un buen compañero, aprender también a no cometer errores dentro de las relaciones laborales, poder salirse un poquito de los roles y conocer la historia de tus compañeros. Me fascina, es un mundo novedoso para mí, pero que tiene muchísimo valor. Cuando estaba en el colegio, a pesar de que trataba de buscar una carrera que se adaptara a lo que yo quería, no la encontraba, y ahora que trabajo, siento que me gustaría mucho ser jefe de estación en el Metro (no es lo que hago, pero sería una linda aspiración). Espero que mi título de Administrador Público, cuando egrese, me sirva para poder trabajar en eso, sé que es difícil, pero Dios abre puertas y puedo estudiar algún diplomado o alguna cosa adicional para ejercer en la administración privada. Es paradójico, porque jefe de estación tiene más cosas públicas que privadas, poder salir de la oficina y estar en la estación atendiendo a los pasajeros o procurando que tengan un buen servicio no sirve sólo a la empresa, sino a los millones de santiaguinos que pasan por el lugar.

Último tren desde Tobalaba hacia Plaza de Puente Alto
El semestre anterior, gracias a mi trabajo y a una buena organización en mis estudios, logré mejorar el rendimiento y las notas, a pesar de tener menos tiempo para estudiar. Cuando no estaba trabajando me costaba más sentir la presión de hacer bien las cosas a la primera, no valoraba tanto el tener un descanso uniforme y no trasnochar. En ese sentido, he ido ordenando mis hábitos de estudio de forma tal que pueda seguir trabajando y pueda seguir haciendo otras actividades recreativas en los días hábiles. Mi estado de ánimo, salvo esos días en que hay mucha fatiga o la carga emocional me sobrepasa, tiende a mantenerse positiva o al menos es mucho mejor que hace un par de meses donde tenía cargas emocionales importantes que me deterioraban la sonrisa. También he incurrido en otros gastos, de varias maneras traté de ganar más tiempo para descansar, llegando a una adaptación en que uso taxis-colectivos para venirme de la universidad y usando más el ventilador de manera de tener una temperatura ambiente amable para poder concentrarme, porque con calor no funciono y me fatigo más. 

Es cierto que también hay otros costos emocionales y afectivos. Espero también ir motivándome más, teniendo más energías para poder tratar de mejor manera a la gente que, al final, es la más valiosa, la que está conmigo y la que convive con mis partes positivas y mis partes negativas.

Es mi reporte... seguiré trabajando, seguiré estudiando y seguiré pololeando, hay que seguir, nadie me lo impone, pero es un desafío personal, quiero conocer mis límites, quiero aprender más, quiero más. ¡Yo sé que puedo! Mucho ánimo a las personas que estudian y trabajan, o trabajan y son mamás o papás, o tienen muchas otras responsabilidades, mucho ánimo a los que tienen estrés, o tienen fatiga o les flaquean las fuerzas físicas pero quieren seguir peleando.

1 comentario:

Alberto Maldova dijo...

Wow. Sé lo que estás viviendo y me da mucho gusto leer esto que me ha motivado a continuar y no rendirme. Un saludo desde México.

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